El dulce poeta de la infancia


 

Walter Elias Disney – más conocido como Walt Disney– fue, sin lugar a dudas, uno de los productores cinematográficos más importantes de Hollywood. Apodado como el dulce poeta de la infancia, el mito viviente es el responsable de que la empresa Disney -que creó e ideó desde sus cimientos- continúe moviendo miles de millones después de su muerte. De ahí que, más de cuarenta años después de su muerte, se siga hablando de Walt como si estuviera vivo.

La “cabeza pensante” del imperio Disney nació el 5 de diciembre de 1901 en la ciudad de Chicago y fue el cuarto de cinco hijos. Los orígenes del apellido Disney se cree que provienen de Isigny-sur-Mer, un pequeño pueblo de Normandía situada en la costa norte de Francia. Con el paso del tiempo, el apellido se fue abreviando y se anglicanizó. La infancia del pequeño Walter transcurrió entre grandes apuros económicos y bajo la profunda severidad de su padre que decidió mudar a toda la familia en 1906 a una pequeña granja cerca de Marceline (Missouri).

En un paraje de ensueño fue donde el pequeño Walter, quien sentía un profundo apego por su madre, descubrió los entresijos y las maravillas que esconde la naturaleza y creando un vínculo especial con los animales. Estos aspectos serían muy influyentes en la posterioridad en la creación de sus dibujos animados.

Sin embargo, el padre de Walter, Elias, contrajo en el invierno de 1909 una fuerte pulmonía que le impidió trabajar durante varios meses. En consecuencia, la familia perdió la cosecha de aquel año y decidió vender la granja y trasladarse a Kansas City, donde el pequeño Walter se dedicaba a ayudar a su padre vendiendo los periódicos de “Times” y “Star” provenientes de una pequeña agencia de distribución que adquirió Elias.

Fue en la escuela, de manos de un compañero de clase llamado Walter Pfeiffer, donde Walter se introdujo en el mundo del vaudeville y del cine. Pero, nuevamente, la familia Disney se vio obligada a cambiar de residencia –Walter vivió durante unos meses con su hermano Herbert hasta que terminó sus estudios de octavo grado en el Instituto de Arte de Kansas City-, donde Walter se inscribió en la Escuela Secundaria de McKinley y en el Instituto de Arte.

Quizás fue esa imaginación atroz que siempre le caracterizó o bien el ánimo de ayudar a los demás, lo que le animó a falsificar su fecha de nacimiento con el fin de entrar como soldado en la Cruz Roja para combatir en el frente bélico. Sin embargo, su llegada a Europa se produjo apenas una semana después de que se hubiera firmado el armisticio, por lo que fue destinado, entre otros lugares, a St. Cyr, cerca de Versalles. En suelo francés cumpliría diecisiete años, mientras conducía ambulancias para la evacuación de un Hospital en París y dibujaba chistes y carteles en sus ratos libres para entretener a sus compañeros. El 3 de septiembre de 1919 se licenció y tomó rumbo a casa.

Ya en Estados Unidos, se estableció en Kansas City y consiguió un trabajo como publicista en el Pesemen-Rubin Art Studio. Fue allí donde comenzó una relación de amistad con el dibujante Ubbe Iwerks, junto con quien fundó en 1920 Iwerks-Disney Commercial Artists, un proyecto que fracasó. Sin embargo, esto no desanimó a Walter, y en 1922 fundó la compañía Laugh-O-Gram Films. Aunque la compañía adquirió fama debido al éxito de los cortometrajes basados en cuentos infantiles, las pérdidas obligaron a la compañía a cerrar.

Esta serie de desgracias dejaron a Walter sin aliento aunque, por fortuna, la suerte le sonrió: una distribuidora se interesó por uno de los cortometrajes que realizó y le encargó nuevas películas que combinases animación e imagen real. Ese fue el inicio de Disney Brother’s Studio en el que Walter, junto a su hermano Roy, producirían las Comedias de Alicia y darían vida al conejo Oswald, creado por Ubbe Iwerls.

Pero la alegría no duró mucho tiempo: a pesar de que las series eran exitosas, un tropiezo legal hizo que la empresa perdiera los derechos sobre el personaje. La única solución que se discernía al final del túnel era la creación de un personaje que sustituyera a Oswald y salvara a la empresa de la quiebra. Ése fue el inicio del ratón Mickey Mouse, que con el tiempo adquiriría tal fama que se consideraría como el emblema de Disney. Los cortos protagonizados por el pequeño ratón adquirieron popularidad y en 1930, Mickey probó suerte en el mundo del cómic.

El negocio prosperaba y Disney se permitió emprender un proyecto tras el que Walter llevaba ya tiempo: la producción del primer largometraje del mundo de la animación. A pesar del inmenso tiempo, costes y la fatiga, Blancanieves y los siete enanitos fue todo un acierto: considerada como una obra maestra de altísimo nivel técnico, la película permitió a la factoría continuar con sus proyectos, haciéndose con un estudio en Burbank y producir así una serie de películas (Pinocho, Fantasía, Dumbo y Bambi) que no siempre reportaron beneficios a la empresa o fueron bien entendidas.

Pero, Disney se caracterizaba por su fortaleza y su  capacidad para mirara hacia adelante, por lo que decidió abrirse a otros géneros, esperando el momento propicio para volver a la carga con largometrajes de éxito como La Cenicienta y películas con actores reales como La isla del tesoro. La producción de programas para televisión y la construcción de Disneyworld fueron el pelotazo de la empresa, aunque no tan importantes como el proyecto de un nuevo parque en Orlando llamado Disneylandia que Walter no podría llegar a ver concluido ya que falleció tres meses antes de su inauguración.

Desgraciadamente, Disney dejó de trabajar en 1966 sobre el proyecto de Disney World, tras diagnosticársele un cáncer en el pulmón izquierdo, tras toda una vida de fumador empedernido. El 15 de diciembre del mismo año falleció el conocido como el mago de Burbank, dejando a Roy la dirección de la empresa y la continuación del proyecto a punto de finalizar. Disney World sería inaugurado en febrero de 1967 bajo el nombre de Walt Disney World, a petición de su hermano para mantener su memoria viva. Sus películas, su imagen y sus parques han sido, sin lugar a dudas, la mejor herencia que nos ha podido dejar a todas las generaciones que le han seguido fielmente.

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Una respuesta to “El dulce poeta de la infancia”

  1. enelcorazondelondres Says:

    sEÑORITOOO

    DEBO INFORMARLE Q LO DE Q wALT dISNEY ESTÁ CONGELADO ES SITODO UN BULOOO
    de hecho, van a hacer en su memria un museo (no recuerdo ahora exactamente dónde) y una de sus intenciones es acabar con mitos como q está congelado, pues fue incinerado..

    una pena, pero bueno

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