La evolución del icono de Disney


Desde su nacimiento, en marzo de 1928, Mickey Mouse, el ratón más famoso del mundo y el icono y símbolo de la factoría Disney, no ha permitido descuidar su imagen.

El ratoncito rebautizado con el nombre de Mickey, a sugerencia de su mujer y creado durante un viaje en tren desde Nueva York hasta Hollywood tras perder los derechos del conejo Oswald, adquirió forma y movimiento de manos del animador Ub Iweerks, quien en su día expresó su admiración por tales animales: “Tengo especial predilección por los ratones. Los ratones se reunían en mi papelera cuando me quedaba hasta tarde trabajando en el pequeño estudio de Kansas City. Yo los sacaba y los ponía en jaulitas sobre mi mesa. Uno de ellos era mi amigo particular. Lugo, antes de salir de Kansas City, lo llevé al campo y lo dejé en libertad”.

Señalado el animal que se iba a caracterizar, Iwerks lo dibujó tomando como base su anterior y perdido personaje: el conejo Oswald. Le acortó y redondeó las orejas, le cambió el rabo y le puso unos nuevos pantalones rojos. Una característica destacable de los primeros dibujos animados son las proporciones anatómicas del personaje no era la correcta, al igual que pasaba con el resto de sus amigos ya creados. Los brazos eran más largos y delgados de lo normal y sus manos, aún sin sus típicos guantes blancos, poseen cinco dedos.

En 1940, para su participación en Fantasía, se decidió transformar sus rasgos faciales, dándole una tonalidad crema y completando el dibujo de los ojos poniéndole pupilas negras y córneas blancas. Este cambio consiguió aproximar al personaje de Mickey a un humano, aunque también por ello le arrebató parte de su vitalidad, vivacidad y disponibilidad para la aventura reflejada en sus desorbitados ojos. Fred Moore presentó los primeros bocetos de la nueva imagen que Mickey iba a presentar dibujándole con el cuerpo en forma de pera con el fin de mejorar su expresividad, emocional; la cabeza llegó a ser más flexible y tuvo mejillas. Además, los ojos ayudaron a que mejoraran sus expresiones faciales. Su guardarropa ahora se componía un traje, corbata y amplio sombrero, lo que lo hizo más accesible y cercano al público, aunque menos cómico. Finalmente, el ratón  quedó completamente humanizado sin que apenas quedara algún rastro de su pasado. El único rasgo que no fue alterado fueron sus redondas y, ya por entonces, características orejas.

Pero Mickey no sólo ha evolucionado en el aspecto físico: se produce también en 1942 un aburguesamiento del personaje con unas historias que se tornan más tranquilas, cómodas y hogareñas, frente al mayor ritmo que adquirió con anterioridad, llegando en ocasiones incluso a considerarse como frenético. Mickey pasó así de ser el boy-scout ideal a un burgués estabilizado.  

El resultado salta a la vista: el Mickey Mouse de la actualidad, bien en versión tridimensional o bien en sus últimas formas durante los años 90, se alejan bastante de sus comienzos en el año 1928. Aunque, bien es cierto, que su cambio físico no ha impedido que Mickey conserve la personalidad que le otorgó Walt Disney. Y es que no se trata de un hombre ni de un ratón, sino de un símbolo de juventud, optimismo y aventura. El perfecto gentleman, pero con cuerpo de ratón y una vitalidad imperecedera, como lo ha demostrado durante sus ya 82 años de vida.

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Una respuesta to “La evolución del icono de Disney”

  1. frinnie Says:

    mickey mouse el primero del esquema azul esta bien tierno parece rat de caño UNA COSA MUY HERMOSA

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