Mis ratones


No he podido por menos, al leer el siguiente artículo que recordar los inicios de este blog y, sobre todo, algunos de los momentos más intensos que vivió la industra Disney al despegar con ese pequeño ratón llamado Mickey, surgido de la mente del creativo Walt durante un viaje después de perder al que fue su mascota inical, el conejo Oswald.

Mickey siempre ha formado parte de cada uno de nosotros, de una u otra forma porque ¿quién puede odiar, o simplemente, mostrar indiferencia ante este diminuto ratón con pantlones cortos, orejas redondeadas y voz chillona?

“Walt Disney me parece un artista impecable: desmesurado, divertido y audaz. Un gigante que resultó ser el primer pop antes de que existiera el pop. Por eso elijo a Mickey Mouse como icono de mi fan.

Este dibujo me impactó desde siempre. Y empecé a dibujar al Ratón Mickey cuando era muy chico. Creo que dibujarlo, una y otra vez, hizo mucho para despertar mi vocación. Fueron años y años en que estos dibujos me despertaban al mismo tiempo inspiración y diversión. Y creo que esa visión infantil y de niño inquieto me sigue acompañando hasta hoy. Las líneas, figuras y contornos que fui desarrollando y transformando en esa época siguen siendo, de alguna forma, mi guía. Un personaje dibujado una y mil veces, buscando mejorar. A la distancia, me acuerdo de esas sensaciones y me emociono. Me emocionan mi inocencia y mi dedicación.

Yo vivía hechizado por el dibujo y por perfeccionarme cada día más. Leía la revista Patoruzito, y me encantaba el personaje del Gnomo Pimentón que con su máquina de echar insecticida, hechizaba a los pájaros y animales del bosque que aparecían ahí. Era como si dibujar ese mundo me transportara a otra realidad, cercana al juego y al humor. Cuando todavía vivía en la provincia de Santa Fe, recuerdo que mi mamá me llevó al cine por primera vez a ver Blancanieves y los siete enanitos. Estar frente a la pantalla, frente a esos personajes increíbles y ese mundo maravilloso fue único, algo que no había vivido nunca y que nunca olvidé. Descubrí, ahí, sentado en la oscuridad del cine, cuál era mi verdad de ese momento.

Una vez estaba dibujando al Ratón Mickey y como no me salía perfecto, le pedí ayuda a mi mamá. Nunca sentí una decepción tan grande como cuando advertí que su dibujo era mucho más precario que el mío. Entonces descubrí que el saber de los grandes era limitado y que yo dibujaba mucho mejor que ella. Desde ese día nunca más le pedí que me ayudara con esas tareas.

Encontré la inspiración y la seguridad dentro de esos dibujos, en mis colores, mis formas y mis historias. Esa imaginación que me despertaban los personajes de Disney fue para mí un punto de partida y de llegada, un comienzo de papel que todavía me sigue los pasos.

Walt Disney me parece un artista con mayúsculas, un artista que genera placer y me provoca. No me canso de su locura y su mirada de titán. Y eso continúa hasta hoy.

Por supuesto que después vinieron otras cosas, otras imágenes, otras estéticas. Pero ese dibujo, con su llegada al mundo entero y su apelación a lo lúdico y divertido, sigue siendo mi gran compañero. Mickey, y todo su universo, representa la mamadera Disney pegado a mis espaldas, que no deja de conmoverme.

El trazo divertido y relajado de su dibujo, la postura alegre y distendida de sus personajes invocan al “yo” infantil que me acompaña y nos acompaña a cada uno de nosotros (aunque sea de manera tangencial, en un afiche o en una publicidad) todos los días de nuestra vida adulta”.

Testimonio recogido por Mercedes Pombo en Página 12.

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